El estudio de los suelosEl suelo puede considerarse como el resultado, en el momento actual, de la acción conjunta que, sobre el material litológico, han ejercido factores como el clima, los procesos geomorfológicos, las condiciones hidrológicas, y los factores bióticos y antrópicos. El estudio del suelo en un enclave o un territorio determinado, requiere por tanto, en una primera fase, un conocimiento detallado de dichos factores, que pueden considerarse como los factores formadores del suelo, y que, en último término permiten establecer criterios de distribución espacial de los distintos tipos de suelos. Los objetivos de un estudio de suelos pueden ser múltiples y llevarse a cabo en muy diferentes escalas; desde la implantación de un uso agrícola intensivo, o el estudio de las condiciones de contaminación, en una determinada propiedad, hasta la planificación territorial en ámbitos geográficos amplios (municipios, comarcas, comunidades autónomas) destinada a la orientación de usos agrarios, al diseño de vías de comunicación, o a la susceptibilidad de los suelos a la contaminación o a la erosión.
En todos los casos de estudios de suelos, es imprescindible una serie de tareas comunes: una labor inicial de recopilación y análisis de la información relativa a los factores que intervienen en la formación del suelo; la realización de unidades preliminares de muestreo, con la base de la fotointerpretación y la información cartográfica analizada, la realización de trabajos de campo, en los que se lleva a cabo la apertura, descripción y toma de muestras de perfiles de suelo, y la realización de observaciones adicionales, o la verificación de los patrones de distribución espacial. Posteriormente, se llevan a cabo análisis de laboratorio, adaptados a los objetivos del estudio. Con el conjunto de información obtenida, se elabora un informe, que incluirá, en su caso, un mapa de suelos, y desarrollará en mayor o menor medida, los aspectos agronómicos o de uso, los de calidad del suelo, de clasificación, de distribución espacial, o los aspectos didácticos, u otros de interés, acordes con los objetivos del estudio. Si bien es una labor básica para abordar un estudio de suelos, el análisis de la información relativa a los factores formadores permite tan sólo una primera aproximación, de la que no pueden obtenerse conclusiones definitivas respecto a la naturaleza, propiedades, o distribución espacial de los suelos. Ello se debe, básicamente, a la heterogeneidad del propio material litológico que está sometido a alteración, a la que suma la complejidad de los restantes factores, tanto individualmente, como por las interacciones que entre todos ellos se generan. El estudio del suelo, al contrario que el de otros elementos del medio natural, cuenta con la dificultad de que sus propiedades no se manifiestan en superficie de una forma fácilmente visible. Es necesario por tanto, en puntos previamente seleccionados tras establecer las unidades preliminares de muestreo, realizar perfiles edáficos. Ésta es la labor básica que permite obtener información acerca de las características del suelo. El perfil consiste en una excavación o corte del terreno, desde la superficie hasta la profundidad en la que aparece el material original, que se acondiciona en unas dimensiones suficientes como para poder observar el desarrollo, tanto en vertical como en horizontal, de los distintos horizontes o capas.
Habitualmente, y considerando los suelos de los climas templados, es suficiente una profundidad de 1,5 metros (o menor si el material original se muestra claramente), para poder observar el conjunto de características morfológicas que permiten la caracterización y clasificación del suelo. La descripción del perfil de suelo se realiza de acuerdo con procedimientos establecidos muy detallados, que permiten su posterior clasificación de acuerdo con los sistemas existentes. Puede accederse a los textos originales a través de los siguientes enlaces:
La determinación del color del suelo, medida de especial importancia (por ser indicador de algunos de los procesos edáficos más relevantes), se realiza habitualmente en el propio perfil, salvo por luz insuficiente, o situaciones meteorológicas adversas. Esta medida se basa en las tablas de colores del Sistema Munsell (Munsell Soil Color Charts).
De cada horizonte edáfico definido en el perfil, se toma una muestra en cantidad suficiente, para la realización de los análisis pertinentes, que se guarda sellada, etiquetada y en condiciones que limiten su alteración (luz o calor excesivos, compactación…). En ocasiones, se requieren técnicas especiales para la toma de muestras, de forma que ésta no se vea alterada en su estructura original; es el caso del muestreo para la determinación de la densidad aparente, o para la realización de láminas delgadas (micromorfología de suelos). Algunas determinaciones analíticas sencillas, pueden realizarse incluso en el propio perfil, caso del pH o la conductividad eléctrica; otras han de realizarse allí necesariamente, en especial en el caso de algunos ensayos relacionados con la calidad del suelo, como la medida de inflitración, o la respiración en el suelo. Posteriormente, el conjunto de muestras obtenido se lleva al laboratorio. En una primera fase, se procede al secado al aire de las muestras, mediante la extensión de éstas sobre papel absorbente. Una vez secas, se homogenizan, y se toma una cantidad para molienda y posterior tamizado. La fracción de suelo inferior a 2 mm de diámetro, denominada tierra fina, será la seleccionada para la caracterización analítica del suelo. Análisis habituales en la caracterización de un suelo desde el punto de vista de la fertilidad, incluyen textura, pH, conductividad eléctrica, carbono orgánico, nitrógeno, fósforo asimilable, carbonatos, caliza activa, cationes de cambio (calcio, magnesio, potasio y sodio), o capacidad de intercambio catiónico, o micronutrientes como hierro, cobre, manganeso, o zinc. La referencia común para éstos y otros análisis de suelos, corresponde a los Métodos Oficiales de Análisis, del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (1994). Así mismo, gran parte de estos análisis son requeridos para la clasificación de los suelos; sin embargo, en ocasiones se exige, bien una metodología específica para llevar a cabo alguno de los anteriores, o bien análisis adicionales, tanto de parámetros físicos como químicos. Los análisis requeridos para la clasificación de acuerdo con los sistemas citados se indican en las páginas web correspondientes. ![]() ![]() ![]() Distintas fases y actividades en laboratorio: molienda y tamizado de muestras; extracción de cationes de cambio; determinación de cationes mediante absorción atómica. En relación con la calidad del suelo, entre los análisis más comunes pueden citarse la determinación de materia orgánica, pH, conductividad eléctrica, NPK extraíbles, actividad microbiana y respiración del suelo, estructura, infiltración y densidad aparente, o capacidad de retención de agua.
Acerca de la valoración de la calidad del suelo:
https://www.nrcs.usda.gov/wps/portal/nrcs/detail/soils/health/assessment/?cid=nrcs142p2_053873
El análisis conjunto de los datos de campo y laboratorio proporciona la base para la caracterización y clasificación de un perfil de suelo. Sin embargo, un perfil no es más que un punto concreto de observación de un elemento natural que se presenta de una forma continua. Es necesario, por tanto, un análisis de los factores formadores del suelo para poder dar una estimación de cuál es la importancia espacial, en un determinado territorio, de los tipos de suelos que representan los perfiles estudiados, y, consiguientemente, de las propiedades que manifiestan dichos suelos. Si bien, en ocasiones, la relación entre los tipos de suelos y los factores formadores, tiene lugar de una forma fácilmente reconocible en el paisaje, lo habitual es que dicha relación se manifieste de forma muy compleja. Así, superficies aparentemente homogéneas en cuanto a sus características climáticas, litológicas, geomorfológicas, hidrológicas, o de usos, resultan ser heterogéneas, a veces de forma muy notable, en cuanto a los suelos que las constituyen. De este modo, la realización y el estudio detallado de un número suficientemente elevado de perfiles edáficos, constituye una herramienta imprescindible para estimar, por un lado, la diversidad de los suelos presente en un territorio, y, por otro, su distribución e importancia espacial. |