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Los Inceptisoles constituyen el tipo de suelo más extensamente distribuido en el conjunto de Asturias, así como el que mayor diversidad presenta. Su presencia se relaciona con una gran variedad de condiciones climáticas, litológicas, de formas del terreno, o de vegetación y usos agrarios. El nexo común de este amplio conjunto de suelos es la presencia de rasgos edáficos que indican modificaciones evidentes del material original hasta una cierta profundidad, con cambios morfológicos y físicoquímicos. Éstos, si bien son insuficientes para desarrollar una "personalidad edáfica" bien definida en el suelo, característica de otros Órdenes, se consideran suficientes para ser diferenciados de los Entisoles. Por tanto, los Inceptisoles (del latín inceptum, comienzo), son suelos que pueden ser considerados incipientes o "adolescentes", y su definición es, necesariamente, complicada. En cierta medida, los Inceptisoles son suelos que no han podido ser incluidos en los restantes órdenes, quedando clasificados por exclusión.
Muchos Inceptisoles han alcanzado un estado de equilibrio con las condiciones actuales de los factores formadores y su evolución puede ser muy lenta o improbable. En otros casos, el tiempo de formación transcurrido ha sido insuficiente para permitir una intervención eficaz de los procesos formadores. También existen Inceptisoles que pueden ser considerados "intergrados"; es decir, constituyen etapas evolutivas hacia suelos de órdenes más evolucionados y, en estos casos, podría predecirse cuál será el destino final de su evolución. Con cierta frecuencia se encuentran Inceptisoles que están afectados por procesos erosivos, que determinan una evolución regresiva (alejamiento de las condiciones de equilibrio) e incluso degradación bajo la intervención humana.
Habitualmente, los Inceptisoles son caracterizados por la presencia de un horizonte subsuperficial que refleja una coloración más intensa, más riqueza en arcilla y/o una estructura bien diferenciada respecto del material original. Es el denominado horizonte diagnóstico de tipo "cámbico". En otros casos, la presencia de un horizonte espeso y rico en materia orgánica (horizontes de diagnóstico "úmbrico" o "mólico"). puede ser suficiente para considerar un suelo como Inceptisol. Ambas situaciones son muy frecuentes en el territorio asturiano.
Si bien, dentro de dicho territorio, los Inceptisoles se forman generalmente en posiciones fisiográficas con un buen drenaje, en diversas localizaciones, lo hacen en condiciones de drenaje lento (escasa oxigenación). En tales condiciones, se favorece el desarrollo de propiedades redoximórficas, que quedan reflejadas en los suelos en distintas gradaciones de intensidad, incluso con presencia local de horizontes orgánicos (horizonte "hístico").
La presencia de los diversos tipos de horizontes, el grado de desarrollo que éstos alcanzan, los distintos regímenes de temperatura y humedad, las condiciones de drenaje, o la disponibilidad de nutrientes, son factores que determinan la gran variabilidad (reflejada taxonómicamente) que muestran los Inceptisoles en nuestro territorio. Pueden encontrarse virtualmente en cualquier ubicación, asociados con frecuencia a suelos correspondientes a otros órdenes, bien como suelos dominantes o como secundarios. Los usos agrarios de estos suelos pueden variar considerablemente de un lugar a otro, si bien en la zona de estudio dominan los prados y pastos naturales, y el uso forestal.
En la zona de estudio se han localizado Inceptisoles pertenecientes a los siguientes subórdenes: Aquepts, Cryepts y Udepts, cuya diferenciación se basa en las condiciones de humedad y temperatura en las que se desarrollan.
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